Que éste blog se llame Little revolution, no es casual. Para mi la maternidad ha sido eso, una pequeña revolución en todos los sentidos. Empezó con el embarazo, recuerdo la sensación que todo se paró. El mundo dejó de parecerme importante, y todo giraba entorno a aquella barriga – de todo lo que aquella barriga escondía, claro – El resto me importaba muy poco, estaba en conversaciones y parecía que no estaba allí, me recuerdo a mi misma dentro de esa desconexión tan profunda. Mi mundo se redujo en imaginarme como sería la vida que estaba creando, en los días marcados en el calendario para ver en una eco que todo iba bien, en los movimientos dentro de la barriga i, por supuesto, en el parto.

I es que parecía que el camino acababa con el parto, era mi objetivo durante todo el embarazo: prepararme para parir a mi hijo. Pero nadie me había avisado que la revolución de verdad comenzaría justo después. ¿Por qué nadie te explica lo que pasa después? Yo te lo quiero contar.

De golpe, has vivido el momento más intenso, salvaje, profundo y animal de tu vida. Y te enamoras de nuevo. Tocas aquel cuerpo viscoso, pequeño, lo miras, y sientes que ahora sí, que ya estáis todos. Y entras profundamente dentro de una burbuja donde sólo pondrías tu pareja – sin él, nada hubiera sido igual – y tu bebé. Pero resulta que no es posible convivir en una burbuja durante muchas horas. Nosotros pudimos disfrutarla durante las primeras horas – por suerte – Pero después se termina. Todo el mundo quiere verlo, veros y compartir este momento. I – entendedme – es genial y precioso. Pero es que esta intensidad no termina en las primeras horas: la familia repite la acción día sí y día también, todo el mundo te para por la calle y te llena a preguntas – por qué a la gente le interesa tanto cuánto pesa y mide un bebé? – Y entonces se apodera de ti aquel sentimiento de querer abrazaros fuerte, fuerte, y entrar en la burbuja sin que nadie pueda acceder a ellos ni romperla. – nosotros así lo sentimos, y así lo hicimos – al cabo de unos días nos fuimos del pueblo para respirar, para disfrutarnos. Y entonces volvió la magia. La magia del tiempo que va muy rápido, pero de vivirlo despacio. Pienso que todo el mundo debería hacerlo. Las primeras horas, los primeros días, son tan especiales, tan delicados, tan mágicos… que deberíamos ser capaces de decir lo que queremos decir y de hacer lo que queremos hacer – pero una vez más, la sociedad no nos permite ser padres y madres conscientes y respetuosos con lo que sentimos, y nos juzgan por todos lados. – Pero la revolución no termina aquí.

Tienes a tu bebé, frágil, pequeño, el más bonito del mundo, en tus brazos y te mueres de amor, de ternura, de felicidad. Podrías pasar horas así. Pero más arriba de tu ombligo, la cosa cambia. Los pechos, la lactancia. Gran tema del que poco se habla antes. Paralelamente a todo lo explicado, tus pechos – y tu cuerpo en general – han cambiado. Se han hecho grandes, te hacen daño, estás extraña, y cada vez que tu hijo tiene hambre ves las estrellas y piensas que pase rápido, que se adapten rápido, que dejen de hacerme daño. Os estáis conociendo, estáis aprendiendo, los dos. Él nunca ha comido de tu pecho, tú nunca has alimentado con tu pecho. Es un proceso, y como todo, pasa; pero mientras no pasa necesitas sentirte tranquila, reconfortada, y tener una paciencia infinita. Mientras tanto, se sigue sacudiendo tu vida, tienes sueño, estás cansada – no lo notas porque la felicidad es tan grande que pasa desapercibido – pero tu cuerpo sí, tu humor sí. Y por la noche, se activa y sale todo el cansancio. Entre el sueño y los despertares, todo es posible. Parece que seas otra, y dices cualquier cosa que se te ocurra, sin filtros. Menos mal que tu pareja ya lo sabe – y sino, mira de explicárselo – no eres tú, es tu cansancio que se ha apoderado de ti. Pero la revolución no termina aquí.

Hay días que te sientes muy sola, de golpe te das cuenta que la maternidad es mejor cuando la compartes y, por suerte, tienes aquellas madres con las que compartías barriga para enviar mensajes, para salir a pasear el cochecito – sí, el cochecito, porque a tu bebé lo llevarás pegado a ti como un koala – pero ya no te sentirás sola, ni extraña, ni te importarán los comentarios de las abuelas que, con mucho cariño te dicen “se acostumbrará a los brazos, le tienes que dejar en el cochecito “… Irás viendo que la maternidad te pone a prueba a cada instante; esquivando comentarios, amamantando a tu hijo a lugares que nunca deberías imaginado, acarreando bolsas, carrito, y bebé con una dignidad envidiable, se hará caca en el momento menos oportuno… Pero la revolución no termina aquí.

Has cambiado. Todo cambiará. Dejarás de ser tú y te convertirás en ti, la madre, y no sólo para tu hijo. También para tus amigas – será casi imposible encontrar ratos para veros entre pañales y horarios diurnos – para la familia – que cuando entres por la puerta de su casa, ya no serás la primera a quien abrazarán – para la pareja – con quien costará encontrar momentos para los dos solos, y cuando los encuentres, sentirás de fondo el pequeño despertándose de la siesta.

Pero por suerte, esta pequeña revolución, se convertirá en el mejor que te ha pasado nunca. Compensará, serás inmensamente feliz, te lo prometo.

Ahora la familia se ha convertido en la mejor cuna para mi hijo, con las mejores risas, las mejores ratos, la mejor complicidad – imposible sobrevivir sin los bisabuelos, sin los abuelos, los tíos, las tías, y todos estos imprescindibles que hacen sonrisa y aman a mi hijo – Ahora los abrazos son más rápidos y llegan más tarde, pero son más profundos. Ahora no soy la misma, pero soy la mejor versión de mí misma. Ahora no tengo tiempo de quedar con las amigas, pero aquellas de verdad siempre encuentran el momento para venir a tomar un café entre pañales y juguetes de madera. Ahora he ganado amistades con quien compartir, nosotras, y nuestros hijos. Ahora con la pareja nos conocemos en otra dimensión, si hay amor, el resto se va poniendo en su lugar poco a poco. Y él también se ha convertido en su mejor versión. Ahora el tiempo corre, pero yo también corro con él aprovechando y exprimiendo cada segundo con mi pequeña familia. Ahora estoy donde quiero estar. Con quién quiero estar. Y soy feliz.

Que aquest bloc es tituli little revolution, no és casual. Per mi la maternitat ha estat això, una petita revolució en tots els sentits. Va començar amb l’embaràs, recordo la sensació que tot es va aturar. El món va deixar de semblar-me tant important, i tot girava al voltant d’aquella panxa – de tot el que aquella panxa amagava, es clar -. La resta m’importava molt poc, estava en les converses i semblava que no hi era del tot, em recordo a mi mateixa dins d’aquesta desconnexió tan profunda. El meu món es va reduir a imaginar-me com seria la vida que estava creant, en els dies marcats al calendari per veure en una eco que tot anava bé, en els moviments dins la panxa i, per suposat, en el part.

I és que semblava que el camí acabava amb el part, era la meva fita durant tot l’embaràs: preparar-me per parir el meu fill. Però ningú m’havia avisat que la revolució de veritat començaria just després. Per què ningú t’explica tot el que passa després? Jo t’ho vull explicar.

De sobte, has viscut el moment més intens, salvatge, profund i animal de la teva vida. I t’enamores de nou. Toques aquell cos llefiscós, petit, el mires, i sents que ara sí, que ja hi sou tots. I entres profundament dins d’una bombolla on només hi posaries la teva parella – sense ell, res hagués estat igual – i el teu nadó. Però resulta que no és possible conviure en una bombolla durant gaires hores. Nosaltres vam poder gaudir-la durant les primeres hores – per sort – Però després s’acaba. Tothom vol veure’l, veure’us i compartir aquest moment. I – enteneu-me – és genial i preciós. Però és que aquesta intensitat no acaba a les primeres hores: la família repeteix l’acció dia sí i dia també, tothom t’atura pel carrer i t’omple a preguntes – per què a la gent li interessa tant quant pesa i medeix un nadó? – I aleshores s’apodera de tu aquell sentiment de voler abraçar-vos fort, fort, i entrar a la bombolla sense que ningú pugui accedir-hi ni trencar-la. – nosaltres així ho vam sentir, i així ho vam fer – al cap d’uns dies vam marxar del poble per respirar, per gaudir-nos. I aleshores va tornar la màgia. La màgia del temps que va molt ràpid, però de viure’l a poc a poc. Penso que tothom ho hauria de fer. Les primeres hores, els primers dies, són tan especials, tan delicats, tan màgics… que hauríem de ser capaços de dir allò que volem dir i de fer allò que volem fer – però una vegada més, la societat no ens permet ser pares i mares conscients i respectuosos amb allò que sentim, i ens jutgen per totes bandes. – Però la revolució no acaba aquí.

Tens el teu nadó, fràgil, petit, el més bonic del món, als teus braços i et mors d’amor, de tendresa, de felicitat. Podries passar hores així. Però més amunt del teu melic, la cosa canvia. Els pits, la lactància. Gran tema del que poc se’n parla abans. Paral·lelament a tot el que he explicat, els teus pits – i el teu cos en general – han canviat. S’han fet grans, et fan mal, estàs estranya, i cada vegada que el teu fill té gana veus les estrelles i penses que passi ràpid, que s’adaptin ràpid, que deixin de fer-me mal. Us esteu coneixent, esteu aprenent, els dos. Ell mai ha menjat del teu pit, tu mai has alimentat amb el teu pit. És un procés, i com tot, passa; però mentre no passa necessites sentir-te tranquil·la, reconfortada, i tenir una paciència infinita. Mentrestant, es segueix sacsejant la teva vida, tens son, estàs cansada – no ho notes perquè la felicitat és tan gran que passa desapercebut – però el teu cos sí, el teu humor sí. I a la nit, s’activa i surt tot el cansament. Entre la son i els despertats, tot és possible. Sembla que siguis una altra, i dius qualsevol cosa que et passi pel cap, sense filtres. Sort que la teva parella ja ho sap – i sinó, mira d’explicar-li – no ets tu, és el teu cansament que s’ha apoderat de tota tu. Però la revolució no acaba aquí.

Hi ha dies que et sents molt sola, de cop t’adones que la maternitat és millor quan la comparteixes i, per sort, tens aquelles mares amb les que comparties panxa per enviar missatges, per sortir a passejar el cotxet – sí, el cotxet, perquè al teu nadó el duràs enganxat a tu com un koala – però ja no et sentiràs sola, ni estranya, ni t’importaran els comentaris de les àvies que, amb molt d’afecte et diuen “s’acostumarà als braços, l’has de deixar al cotxet”… Aniràs veient que la maternitat et posa a prova a cada instant; esquivant comentaris, amamantant al teu fill a llocs que mai hauries imaginat, traginant bosses, cotxet, i nadó amb una dignitat envejable, es farà caca en el moment menys oportú… Però la revolució no acaba aquí.

Has canviat. Tot canviarà. Deixaràs de ser tu i et convertiràs en tu, la mare, i no només pel teu fill. També per les teves amigues – serà gairebé impossible trobar estones per veure-us entre bolquers i horaris diürns – per la família – que quan entris per la porta de casa seva, ja no seràs la primera a qui abraçaran – per la parella – amb qui costarà trobar moments pels dos sols, i quan els trobis, sentiràs de fons el petit despertant-se de la migdiada.

Però per sort, aquesta petita revolució, es convertirà en el millor que t’ha passat mai. Compensarà, seràs immensament feliç, t’ho prometo.

Ara la família s’ha convertit en el millor bressol pel meu fill, amb les millors rialles, les millors estones, la millor complicitat – impossible sobreviure sense els besavis, sense els avis, els tiets, les tietes, i tots aquests imprescindibles que fan somriure i estimen al meu fill -Ara les abraçades són més ràpides i arriben més tard, però són més profundes. Ara no sóc la mateixa, però sóc la millor versió de mi mateixa. Ara no tinc temps de quedar amb les amigues, però aquelles de veritat sempre troben el moment per venir a fer un cafè entre bolquers i joguines de fusta. Ara amb la parella ens coneixem en una altra dimensió, si hi ha amor, la resta en va posant a lloc a poc a poc. I ell també s’ha convertit en la seva millor versió. Ara el temps corre, però jo també corro amb ell aprofitant i exprimint cada segon amb la meva petita família. Ara sóc on vull ser. Amb qui vull ser. I sóc feliç.

One thought on “Little revolution | pequeña revolución | petita revolució

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